sábado, 2 de febrero de 2013

Verde de envidia


A lo largo del día ¿cuántas veces deseas algo que no posees? ¿Cuántas veces sientes
dolor o desdicha por no tener algo que un conocido si tiene?

 
La envidia es un sentimiento de frustración
difícil de soportar y no siempre es explícita
y transparente.

 
 
Las expresiones más comunes de la envidia son las críticas,  las ofensas, el rechazo, la
agresión, la rivalidad, la venganza etc.

Las personas envidiosas tienen en común la
no aceptación de sus carencias, están
insatisfechas y sienten rencor contra las
personas que poseen algo que ellas desean
(experiencia, dinero, éxito, valor, etc.).

En vez de utilizar sus facultades para conseguir lo que quieren, prefieren eliminar lo
que ellos consideran “competencia”. De este modo, la envidia se convierte en una
defensa típica de las personas más débiles y acomplejadas. Los estudios que se han
realizado en torno a este sentimiento, coinciden con Napoleón en que la envidia es una
declaración de inferioridad.

Cuando la envidia nos ataca tenemos que
enfrentarnos a ella, de lo contrario podemos
sufrir ansiedad, trastornos del apetito y del
sueño, pero la peor consecuencia que puede
 tener este sentimiento es la actitud  con la que
haremos frente al día a día.
Viviremos convencidos de que la suerte de los demás no es merecida y no
contemplaremos la opción de trabajar para alcanzar nuestros objetivos.

El dolor que provoca la envidia nos recuerda que hay
algo que deseamos y que aún no lo hemos logrado. Es
entonces cuando debemos preguntarnos por qué no
hemos alcanzado ese deseo en particular y cuáles son
los recursos que necesitamos para lograrlo.
 
 

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