viernes, 25 de enero de 2013

Las dimensiones de la ira


Cuando alguien nos traiciona, cuando la salud nos falla, cuando no podemos controlar una
 determinada situación o las acciones de los demás, sólo nos queda aceptar la realidad.
En estos momentos nos cuesta aparentar que somos felices y no podemos sonreír ni ver
 el vaso medio lleno porque nuestros pensamientos no son positivos.
 
 

Este tipo de situaciones también tiene consecuencias en nuestro organismo,
aumentando nuestro ritmo cardiaco, nuestra presión arterial, nuestros niveles de
adrenalina y noradrenalina. Se tensa nuestra musculatura corporal y podemos tener
problemas para dormir y comer.
 
 

Cuando esto ocurre, estamos siendo víctimas de una
emoción que se expresa con el resentimiento, la furia y/o
la irritabilidad. Estamos siendo presas de nuestra ira.

Aunque la ira es una respuesta para atacar o huir ante
una amenaza, se puede convertir en el sentimiento
predominante de quien toma una decisión consciente de
hacer algo para terminar, inmediatamente, con el daño
percibido o la amenaza, provocando demasiadas consecuencias físicas y mentales.

Por ello, es recomendable expresar de forma clara el motivo de nuestra ira. Transmitir
lo que pensamos y sentimos nos ayuda a canalizar nuestra ira de un modo sano, sin
provocar daños a otras personas ni a nosotros mismos.
 
 
 

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