miércoles, 12 de diciembre de 2012

A la gente no hay quien la entienda


Seguro que has pronunciado y oído esta frase más de una vez, ¿verdad?

Cuando nos encontramos ante actitudes, comportamientos o pensamientos que no
terminamos de entender -a menudo- hacemos uso de esta frase. Estas palabras suelen
ir detrás de un cambio repentino de opinión en el que no existe, o no se encuentra,
explicación alguna.


Cristina, mi compañera de despacho, me recibía esta mañana a grito de: “a la gente no
hay quien la entienda”. Hace un par de semanas, contactaron con ella para organizar una
charla en la Universidad en el día de hoy y a pesar de que no contaba con mucho tiempo
para prepararla, hoy estaba todo listo (la sala, los alumnos, el material, etc.)  excepto
las personas que debían impartir la charla.


Aunque todo apunta a que han debido cambiar de opinión, nadie ha informado a Cristina

del motivo de la ausencia, ni siquiera ha conseguido volver a hablar con ellos.

Este supuesto es un ejemplo claro de un cambio de opinión brusco y repentino al que se

añade la falta de explicación. Cuando esto ocurre, la persona que espera y busca una

explicación puede pensar lo que quiera y lo que la poca información que tenga le permita.

 Es importante saber que ante la falta de información tendemos a pensar lo peor.

Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, a

decir “no lo sé”, “no lo entiendo” o “no me

importa”, pero ¿por qué nos cuesta tanto decir

que hemos cambiado de opinión?


Parece ser, que en cierto modo, estamos empatizando con la otra persona y preferimos
huir de los problemas que puede ocasionar nuestro cambio de opinión, sin pensar en los
contratiempos que se originan al guardar silencio y no anunciar nuestro cambio de
opinión.

Cuando elegimos el silencio como respuesta generamos inquietud en quienes esperan

nuestra contestación y esa inquietud, termina convirtiéndose en

 desconfianza hacia nosotros.
          

La verdad es que, a veces, somos difíciles de comprender; es

complicado saber lo que alguien piensa o pretende, pero podemos hacer uso de la

palabra para averiguarlo.

¿Tú qué opinas?

rocioriverolopez@gmail.com

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