jueves, 20 de diciembre de 2012

La nostalgia como aliada


Estamos en el mes de los propósitos, en el
 mes en el que nuestros sentimientos
están a flor de piel. Esta es la época del
año en  la que  más necesitamos el
reconocimiento de los demás, deseamos
compartir nuestras ilusiones y
hacer balance de lo que hemos conseguido  hasta el momento.
 
Este es uno de los motivo de que -por estas fechas- nos invadan los recuerdos, viajemos
 a tiempos pasados, sintamos la compañía de familiares y amigos que ya no están y
comencemos a echarles de menos de un modo más vigoroso del que les añoramos el
resto del año, y es que es difícil ignorar el calor de la nostalgia.
 
 

La nostalgia es una memoria cariñosa que puede llevarnos a idealizar algo que se tuvo o
se vivió y que ya no se tiene o ha cambiado. Cuando la nostalgia se une a nuestro grupo
de sentimientos tendemos a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero ¿es así
realmente? Todo parece indicar que lo que ocurre es que olvidamos la parte negativa de
la situación y recordamos la positiva, actuando el olvido como mecanismo de defensa.

Dicho de este modo, parece que la nostalgia no nos
hace bien, pero todo depende de como usemos
este sentimiento; podemos aliarnos con el para
averiguar cuáles son nuestros deseos y qué es lo
que nos gustaría hacer en la vida, así que ¿por qué
no pactar con este cálido sentimiento?

¡FELICES FIESTAS!

miércoles, 12 de diciembre de 2012

A la gente no hay quien la entienda


Seguro que has pronunciado y oído esta frase más de una vez, ¿verdad?

Cuando nos encontramos ante actitudes, comportamientos o pensamientos que no
terminamos de entender -a menudo- hacemos uso de esta frase. Estas palabras suelen
ir detrás de un cambio repentino de opinión en el que no existe, o no se encuentra,
explicación alguna.


Cristina, mi compañera de despacho, me recibía esta mañana a grito de: “a la gente no
hay quien la entienda”. Hace un par de semanas, contactaron con ella para organizar una
charla en la Universidad en el día de hoy y a pesar de que no contaba con mucho tiempo
para prepararla, hoy estaba todo listo (la sala, los alumnos, el material, etc.)  excepto
las personas que debían impartir la charla.


Aunque todo apunta a que han debido cambiar de opinión, nadie ha informado a Cristina

del motivo de la ausencia, ni siquiera ha conseguido volver a hablar con ellos.

Este supuesto es un ejemplo claro de un cambio de opinión brusco y repentino al que se

añade la falta de explicación. Cuando esto ocurre, la persona que espera y busca una

explicación puede pensar lo que quiera y lo que la poca información que tenga le permita.

 Es importante saber que ante la falta de información tendemos a pensar lo peor.

Todos tenemos derecho a cambiar de opinión, a

decir “no lo sé”, “no lo entiendo” o “no me

importa”, pero ¿por qué nos cuesta tanto decir

que hemos cambiado de opinión?


Parece ser, que en cierto modo, estamos empatizando con la otra persona y preferimos
huir de los problemas que puede ocasionar nuestro cambio de opinión, sin pensar en los
contratiempos que se originan al guardar silencio y no anunciar nuestro cambio de
opinión.

Cuando elegimos el silencio como respuesta generamos inquietud en quienes esperan

nuestra contestación y esa inquietud, termina convirtiéndose en

 desconfianza hacia nosotros.
          

La verdad es que, a veces, somos difíciles de comprender; es

complicado saber lo que alguien piensa o pretende, pero podemos hacer uso de la

palabra para averiguarlo.

¿Tú qué opinas?

rocioriverolopez@gmail.com

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El beneficio de la duda


“La duda es uno de los nombres de la inteligencia”, decía  Luís Borges.  Sin embargo,
manifestar nuestras dudas no siempre está bien visto porque denota inseguridad.


Cuando tenemos dudas acerca de algo, no  estamos seguros
de qué decisión tomar, cuestionamos lo que oímos, damos
poco crédito a la información que nos llega, desconfiamos,
etc. y lo positivo de esto es que nos ponemos en alerta y
nos volvemos más objetivos (ocurriendo justamente lo
contrario cuando la duda es patológica).

 
 Un nivel de duda “normal”, y repito no patológico, nos va ayudar a escuchar lo que en
realidad nos dicen, a ver lo que en realidad ocurre y no ver lo que queremos ver y
escuchar lo que queremos escuchar y esto, a largo plazo, nos va a alejar de muchos
problemas y de la pérdida de tiempo.
 
 

Algunos de vosotros os habréis sorprendido al leer que la duda tiene una parte positiva,
pero si pensáis en los momentos de vuestra vida en que habéis dudado podréis observar
 como la duda os ha salvado de situaciones incómodas y desagradables. ¿Será la duda
otro de nuestros mecanismos de defensa?
 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Miedo al volante


El miedo a conducir es el secreto mejor guardado de muchas personas y afecta a la
autoestima de quien lo padece, pero –como cualquier otro miedo- puede superarse.
 
 

-      ¿Es normal ponerse nervios@ en el examen práctico de conducir?

-      ¿Cuál suele ser la causa del nerviosismo en este examen?

-      ¿Existe la fobia a conducir?

-      ¿Qué es la amaxofobia?

-      ¿Podemos seguir algunas pautas para estar más relajad@s en el examen práctico
   de conducir?
Te respondo a todas estas preguntas a partir del minuto 24:44 . Haz "clic" en el