lunes, 22 de octubre de 2012

La voz, espejo de emociones. José Antonio Domínguez nos da su opinión


Que un mensaje se entienda o no, depende de los componentes verbales y de los
componentes no verbales. Entre los componentes no verbales, se encuentra el tono de
voz.
 
El tono de voz hace que los matices del sonido cobren importancia porque la voz humana
puede alterar el ritmo cardíaco, el nivel de adrenalina, la respiración, la presión
sanguínea etc. de la persona que escucha.

La voz transmite emociones al que escucha, pero ¿el estado emocional en el que nos
encontremos puede cambiar nuestro tono de voz? Todo indica que esto es es así. La
tensión y el nerviosismo van acompañados de tonos de voz altos porque las cuerdas
vocales se tensan y al tensarse vibran más rápidamente.
Sin embargo, cuando estamos relajados los tonos son más graves y resonantes teniendo
como resultado un tono de voz más bajo y agradable lo que, a su vez, provoca que los
demás confíen más en nosotros.
 
El tono de voz se convierte en el protagonista de los programas de radio ya que con el

hay que compensar la pérdida de información que se produce cuando no vemos a la

persona que nos habla.

Preguntamos a José Antonio Domínguez (Licenciado en Comunicación Audiovisual por la
 Universidad de Málaga. Presentador-Productor de Canal Fiesta Radio) cómo
 compensa esa pérdida de información y qué opina de lo comentado más arriba. Nos
responde lo siguiente:

“Desde luego que el estado emocional en el que nos encontramos altera nuestro tono de
voz. ¿Qué pasa cuando nos dan una sorpresa o una noticia desagradable? que no nos sale
 la voz o que nos cuesta trabajo emitirla.

Desde mi experiencia, procuro dejar fuera del estudio de radio todos los problemas que
 pudiera tener y me dedico a transmitir en positivo. Realizar esta práctica no siempre
es fácil, pero uno lo intenta. Siempre me dirijo al oyente en singular. Siempre te hablo a
 ti, no a vosotros.

Cuando leo, es fundamental respetar los signos de puntuación y realizar las pausas
indicadas por éstos. Intento que se note lo menos posible, aplicando naturalidad y
tratando de que el discurso se parezca más a una diálogo (yo siempre pienso que hay
respuestas aunque no las pueda oír) que a un monólogo. Leyendo o no, trato de usar
cadencias y semicadencias para aportar más naturalidad y hacer énfasis en palabras que
 considero importantes. Suelo usar frases cortas. Cuando me excedo demasiado,
aprovecho y hago las cadencias con los recursos sonoros radiofónicos para que no se
note cuando tomo aire. El estado emocional no suele afectarme para cambiar el tono de
voz, pero sí el momento del día o el disco que esté presentando. No es lo mismo
presentar por las noches una canción melódica, que hacerlo por la tarde o en la víspera
de un festivo, una canción muy rítmica.

Por supuesto que intento vocalizar correctamente, pronunciando correctamente todas
las palabras, desde mi inevitable acento andaluz, del que me siento muy orgulloso.”
 

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