miércoles, 31 de octubre de 2012

¿Cómo ser agradecid@?


A lo largo del día podemos sentirnos agradecid@s muchas veces por pequeñas cosas que nos suceden, porque el autobús no tarde demasiado, porque hayamos tenido un buen día en el trabajo, porque comience a llover cuando acabamos de llegar a casa, etc.

El agradecimiento es un sentimiento o muestra de gratitud por algo que hemos recibido o por algo que nos ha pasado.

-      ¿Qué significa ser agradecid@?

-      ¿Qué implica ser agradecid@?         

-      ¿En qué nos beneficia ser agradecid@s?

-      ¿Podemos entrenarnos para ser agradecid@s?

Te respondo a todas estas cuestiones a partir del minuto 42:34 Haz “clic” en el enlace de abajo para escucharlo.

"Vamos a aprender a conocernos con Rocío Rivero" Programa Radio Guadalquivir.

rocioriverolopez@gmail.com

viernes, 26 de octubre de 2012

El bostezo como mensaje no verbal


A lo largo del día, nuestro cerebro “se calienta” hasta el punto de quemar un tercio de
las calorías que consumimos y para poder funcionar de forma más eficiente, necesita
enfriarse. Al bostezar incrementamos el flujo de sangre  aportando “aire fresco” a
nuestro cerebro.

Además cuando bostezamos se eleva nuestro nivel de conciencia cognitiva, lo que nos
ayuda a mantenernos centrados en las ideas y conceptos importantes.
 
 

Hasta hace poco, se pensaba que el hecho de que alguien bostezara mientras
hablábamos, no nos decía nada más allá de que debía estar aburrido o cansado. Pero
parece ser que el bostezo tiene un significado más profundo. El bostezo puede ser un
mecanismo de escape que utilizamos para no tener que enfrentarnos a situaciones
estresantes, dolorosas o difíciles.       
 
Cuando en una conversación sale un tema del que
preferimos no hablar, solemos bostezar sin darnos cuenta
para evitar el tema.
 
Dado que el origen del bostezo es fisiológico y tiene un
componente emocional y social, habría que seguir estudiándolo. Hasta el momento, nos
quedamos con el mensaje no verbal que nos transmite y que puede variar dependiendo
de las circunstancias.

lunes, 22 de octubre de 2012

La voz, espejo de emociones. José Antonio Domínguez nos da su opinión


Que un mensaje se entienda o no, depende de los componentes verbales y de los
componentes no verbales. Entre los componentes no verbales, se encuentra el tono de
voz.
 
El tono de voz hace que los matices del sonido cobren importancia porque la voz humana
puede alterar el ritmo cardíaco, el nivel de adrenalina, la respiración, la presión
sanguínea etc. de la persona que escucha.

La voz transmite emociones al que escucha, pero ¿el estado emocional en el que nos
encontremos puede cambiar nuestro tono de voz? Todo indica que esto es es así. La
tensión y el nerviosismo van acompañados de tonos de voz altos porque las cuerdas
vocales se tensan y al tensarse vibran más rápidamente.
Sin embargo, cuando estamos relajados los tonos son más graves y resonantes teniendo
como resultado un tono de voz más bajo y agradable lo que, a su vez, provoca que los
demás confíen más en nosotros.
 
El tono de voz se convierte en el protagonista de los programas de radio ya que con el

hay que compensar la pérdida de información que se produce cuando no vemos a la

persona que nos habla.

Preguntamos a José Antonio Domínguez (Licenciado en Comunicación Audiovisual por la
 Universidad de Málaga. Presentador-Productor de Canal Fiesta Radio) cómo
 compensa esa pérdida de información y qué opina de lo comentado más arriba. Nos
responde lo siguiente:

“Desde luego que el estado emocional en el que nos encontramos altera nuestro tono de
voz. ¿Qué pasa cuando nos dan una sorpresa o una noticia desagradable? que no nos sale
 la voz o que nos cuesta trabajo emitirla.

Desde mi experiencia, procuro dejar fuera del estudio de radio todos los problemas que
 pudiera tener y me dedico a transmitir en positivo. Realizar esta práctica no siempre
es fácil, pero uno lo intenta. Siempre me dirijo al oyente en singular. Siempre te hablo a
 ti, no a vosotros.

Cuando leo, es fundamental respetar los signos de puntuación y realizar las pausas
indicadas por éstos. Intento que se note lo menos posible, aplicando naturalidad y
tratando de que el discurso se parezca más a una diálogo (yo siempre pienso que hay
respuestas aunque no las pueda oír) que a un monólogo. Leyendo o no, trato de usar
cadencias y semicadencias para aportar más naturalidad y hacer énfasis en palabras que
 considero importantes. Suelo usar frases cortas. Cuando me excedo demasiado,
aprovecho y hago las cadencias con los recursos sonoros radiofónicos para que no se
note cuando tomo aire. El estado emocional no suele afectarme para cambiar el tono de
voz, pero sí el momento del día o el disco que esté presentando. No es lo mismo
presentar por las noches una canción melódica, que hacerlo por la tarde o en la víspera
de un festivo, una canción muy rítmica.

Por supuesto que intento vocalizar correctamente, pronunciando correctamente todas
las palabras, desde mi inevitable acento andaluz, del que me siento muy orgulloso.”
 

viernes, 19 de octubre de 2012

Metas, sinónimo de éxito


Una meta mal planteada puede impedirnos conseguir nuestros objetivos y vivir sin metas, es jugar a la improvisación. Muchas personas no tienen metas porque no saben cómo plantearlas.

 
-      ¿Qué son las metas?

-      ¿Las metas están relacionadas con la motivación? 

-      ¿Es positivo trazarse metas?

-      ¿Cómo se plantean las “buenas metas”?
Te lo cuento a partir de minuto 35:00. Haz “clic” en el enlace de abajo para escucharlo.

 
 

lunes, 15 de octubre de 2012

Sinestesia, una fusión sensorial



1. ¿Tu percepción de los números o de las letras está asociada a algún color, como por ejemplo, la letra “J” al amarillo o el número “5” al morado?
-Sí, he tenido experiencias similares.
-No, no he tenido este tipo de experiencias.


2. ¿Percibes los días de la semana o los meses del año con algún color determinado, como por ejemplo, julio con el azul marino o miércoles con el naranja?
                                                                                -Sí, he tenido experiencias similares.
                                                                                -No, no he tenido este tipo de experiencias.


3. ¿Te imaginas o visualizas que días, meses o años tienen un lugar determinado en tu espacio personal, como por ejemplo, que septiembre esté siempre ubicado 50 centímetros frente a ti?
-Sí, siempre he sentido este tipo de ubicaciones.
-No, nunca he tenido este tipo de asociación.


4. ¿Escuchar un sonido te hace percibir un color, como por ejemplo, que el claxon de un coche te haga ver el color verde o el do de la escala musical te haga ver el rosa?
-Sí, tengo experiencias así.
-No, no he tenido experiencias así.



5. ¿Ciertas palabras te generan un gusto determinado en la boca, como por ejemplo, que el nombre “Melanie” te sepa a miel?
-Sí, he sentido algo similar.
-No, nunca he sentido algo así.


6. ¿Tienes sensaciones táctiles al percibir determinados olores, como por ejemplo, que el olor a café te haga sentir como si tocaras una superficie fría de cristal?
-Sí, tengo experiencias así.
-No, nunca me ha pasado.


7. ¿Tienes alguna sospecha de experimentar otra sensación, como oír un sonido cuando ves que algo se mueve o pensar en una forma geométrica tras percibir el sabor de algo que comes?
-Sí, creo que podría tener otros tipos de experiencias sensoriales inusuales.
-No que yo sepa.


¿A cuántas has respondido que sí?

 
Pilar se enfadaba con su hermano, Pablo,
cada vez que este pegaba en la nevera una
letra de un color diferente al que ella
consideraba que era el color de esa letra.
Si Pablo ponía en la nevera la letra “B” en
verde, ella le decía que la “B” es azul y
Pablo le preguntaba que por qué tenía que
ser azul.
 
Años más tardes Pilar comenzó a estudiar Psicología. Cuando en una de las clases
pidieron voluntarios para recoger datos en una investigación que se estaba llevando a
cabo acerca de la sinestesia, ella preguntó: “¿qué es la sinestesia?” el profesor le
respondió con un ejemplo: “las personas con sinestesia pueden ver los números, letras o
palabras de colores, por ejemplo, el número cinco para ellos es verde.” Pilar respondió
rápidamente: “pero el cinco no es verde, es rojo”.

Se cree que una de cada 100 personas es sinestésica sin saberlo, lo que supone el 1% de
 la población mundial.

La sinestesia es una facultad poco común que tienen algunas personas y consiste en
experimentar sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos
de otra modalidad distinta, por ejemplo, ver los sonidos de colores. La sinestesia
también se puede dar dentro de una misma modalidad sensorial, como tener la
experiencia subjetiva de determinados colores al ver letras, números o palabras; este
tipo es el que se da con más frecuencia.

Poco se sabe de las causas, pero las sensaciones que vive un sinestésico son reales y nos
demuestran que las personas que nos rodean pueden tener una experiencia diferente
del mundo. Aunque se tiende a pensar que la realidad es igual para todos, parece ser que
 no es así.

 Las personas sinestésicas pueden tener reacciones emocionales negativas cuando los
estímulos (el color de una letra o número) están de un color diferente al que ellas lo ven.
 Esto convierte a la sinestesia en un elemento importante en el estudio de las
emociones.

Wassily Kandinsky, pintor abstracto ruso, decía que los sinestésicos son como los
buenos violines, vibran en todas sus partes al contacto con el arco.
 
rocioriverolopez@gmail.com

jueves, 11 de octubre de 2012

Cuida tu cerebro y tu cerebro cuidará de ti


Las nuevas tecnologías han modificado la forma en que le exigimos a nuestro cerebro en
 el día a día. Hace algunos años, nos sabíamos de memoria muchos más números de
teléfonos de los que nos sabemos ahora porque ahora los tenemos almacenados en la
memoria del móvil.
 
 

¿Esto quiere decir que con las nuevas tecnologías estamos desatendiendo a nuestra memoria?

¿Te gustaría saber cómo puedes estimular tu cerebro?

Te lo cuento a partir de minuto 33:00. Haz “clic” en el enlace de abajo para escucharlo.
 

lunes, 8 de octubre de 2012

Saboreando emociones con Enrique Sánchez y Nino Redruello


¿Alguna vez has recordado un momento de tu pasado mientras saboreas un alimento?
¿Al identificar el aroma a tomillo o a romero, se te viene a la cabeza la imagen de tu
abuela preparando un rico guiso de cordero? Es curioso ¿verdad?

Parece ser que esto ocurre porque tenemos un estímulo detonante (el aroma del tomillo
o del romero) que provoca una sensación unida a un recuerdo (alegría y añoranza al
recordar a tu abuela preparando el guiso). Podemos sentir aquella felicidad y aquel
estado de ánimo del momento evocado. El recuerdo de esa sensación ocupa nuestra
mente como una nube de electrones dando chispazos, esta nube de electrones viaja
hasta el hipocampo donde reposa y produce modificaciones neuronales. Si la información
 se instaura en el hipocampo, las neuronas la harán llegar a la corteza cerebral,
haciendo que esa información permanezca en nuestra memoria durante mucho tiempo,
durante años o, incluso, durante toda nuestra vida.

¿Será la comida algo más que un instinto?

Está demostrado que nuestra alimentación influye en el estado de ánimo. Dependiendo
de la alimentación que tengamos en nuestro día a día tendremos un estado de ánimo u
otro. Pero ¿se dará la relación inversa? ¿nuestro estado de ánimo puede modificar el
sabor de las comidas?
 
 

 Tanto el estado de ánimo de un cocinero como el de un comensal, influye bastante en la
forma de cocinar y de comer. Si un cocinero se siente agresivo, cocinará comidas
copiosas; si se siente triste elaborará comidas dulces, en las que el chocolate se
convertirá en un buen compañero de trabajo para él.

Cuando le ponemos a un comensal triste y a un comensal alegre una comida dulce, el
primero la encontrará más dulce que el segundo. Además, si a nuestro invitado triste le
presentamos un dulce con menos cantidad de azúcar que el que le presentamos a
nuestro invitado alegre y le pedimos a ambos que evalúen el grado de dulzor del plato en
 una escala del 1 al 10, la persona triste encontrará el plato más dulce que la persona
que se encuentra alegre.

El contexto en el que estamos también nos influye para captar los diferentes sabores
de un plato. Una misma comida tomada en un almuerzo serio de empresa no sabe igual
que tomada en una fiesta informal con amigos.

Podemos decir, por tanto, que la memoria sensitiva, el estado de ánimo y el contexto en
el que comemos pueden disfrazar el sabor del plato que estamos tomando.
Contamos con la opinión de dos grandes chefs, Enrique Sánchez y Nino Redruello.
 
 Nino Redruello, un “emocionista disfrazado de
cocinero” en la Gabinoteca (como el mismo se define)
 nos dice:
  “El recuerdo más importante que puedes crear en una
persona es el que va inexorablemente unido a la
emoción, está demostrado.  Los cocineros y  los
hosteleros tenemos la suerte de contar con una
herramienta muy fuerte, y es que el comer es un
placer, y como todo placer puede llegar a emocionar.  
Un cocinero puede hacer llegar al comensal un plato que
 
transmita una sensación placentera al saborearlo, pero si además puedes  transmitir
emociones positivas como: sorpresa, alegría, melancolía de un tiempo pasado inolvidable,
la emoción de divertirte, de reírte etc. entonces, estarás consiguiendo algo impensable
y maravilloso, hacerles más felices. Por un momento olvidarán los problemas personales
y laborales porque por dentro sus moléculas estarán revoloteando, subiéndose por las
 paredes, saltando como niños en unas colchonetas y, tan sólo por un instante, se
dejarán llevar por la emoción. 
     Para emocionar a alguien tienes que predisponerle con el local, con el trato, con
nuestro personal y, sobre todo, con la interacción entre ellos mismos. Hay que
mandarles guiños informativos que les hagan entender que este rato va a ser especial,
invitarles a que se quiten  esa corbata que les asfixia y a que se relajen porque no sólo
van a comer. En La Gabinoteca empezamos a enviar esos guiños antes de empezar a
comer, con el local y con el juego de la carta de vinos por personalidades. Continuamos
con la forma en que hacemos llegar el plato, sorprendiéndoles e incluso vacilándoles con
un viaje al pasado, entre otras cosas.  Nosotros le ponemos el trampolín para que sean
ellos mismos los que salten hacía sus emociones. Nos gusta hacerles sentir que ¡están
muy vivos!
  Emociona  y  llegarás.”

 
Twitter: @ninoredruello

                                                                                                 
      Enrique Sánchez, chef del programa de cocina “Cómetelo”, en Canal Sur TV. nos comenta lo siguiente:


"Por supuesto que un cocinero puede transmitir emociones a través de sus creaciones. Al fin y al cabo, creo que el ideal de los restaurantes no es vender o producir comidas; sino vender felicidad y sensaciones satisfactorias que hagan al comensal disfrutar y regresar.  Tan sencillo como esto: si hemos sido felices es muy probable que volvamos.

 Incluso en algunas ocasiones, no sólo llegamos a entender el sentido que el cocinero le ha querido dar al plato sino que además, esa experiencia gastronómica viene reforzada por los recuerdos y emociones que dicha receta ha tenido en nuestra vida. Por ejemplo, puedo degustar una deliciosa tortilla en la que percibo que el cocinero ha querido dejar la cebolla muy pochada para que notemos su dulzor, el huevo ligeramente crudo para ganar en jugosidad, la patata en un punto de cocción y de melosidad que se deshace en la boca, etc. Puedo notar, por el simple hecho de probar, la dedicación, la entrega y la “pasión” que el cocinero ha tenido a la hora de elaborar este sencillo manjar. Pero a su vez, el hecho de oler la tortilla cuando se aproxima a la mesa me trae al recuerdo cuando, de muy pequeño, me quedaba viendo a mi madre darle la vuelta a la tortilla, con el propósito de tener la suerte de probarla recién hecha.

 En definitiva, las posibles emociones que nos transmite el plato se ven reforzadas por nuestros recuerdos. Soy de los que piensan que “el estómago” es una de las mejores memorias que tenemos. Incluso en algunas ocasiones me gusta hablar de las recetas de cocina como si de un álbum de fotos se tratase. Pues considero que nuestra vida está repleta de momentos, situaciones y recuerdos que giran en torno a una mesa o receta determinada (como el olor a tomillo que nos recuerda a la cocina de la abuela).

 Sin embargo, a la hora de hablar de la influencia del estado de ánimo del cocinero, yo distinguiría entre cocina casera y cocina profesional. Pues si bien creo firmemente que nuestro estado anímico nos condiciona e influye a la hora de cocinar en casa; en los restaurantes no suele ser así; más que nada porque los recetarios, las elaboraciones y la estética de los platos está diseñada y bien definida con anterioridad y da igual que ese plato concreto lo elabore un cocinero u otro, el resultado debe ser el mismo (de hecho una de las funciones de los jefes de cocina es vigilar para que esto ocurra).

Del mismo modo, siempre he pensado que esta estandarización de los recetarios se hace con el fin de evitar que cada cocinero deje su toque personal o emotivo en cada plato, aunque supongo que habrá opiniones para todos los gustos.

 Ahora bien, como comensales...  es otra historia. Nuestro estado de ánimo es un pilar básico a la hora de comer, al igual que la compañía y el entorno en el que degustamos la comida. ¿Cuántas veces hemos disfrutado de una simple tapa o bocadillo en presencia de seres queridos? y que mal sabe un manjar cuando nos sentimos solos o rechazados. Esa es la grandeza de la cocina, unos ingredientes iguales, combinados de igual forma por distintas manos, en distintos lugares y con distinta compañía; nunca darán el mismo resultado a pesar de ser las mismas recetas.

Así que, en vista de tantas variantes, centrémonos en disfrutar de cada comida y de sacarles el máximo jugo de felicidad. Y por supuesto no olviden un buen pan para rebañar el plato. ¡Buen provecho!"

Facebook: enriquecocinero
Twitter: @Enrique_chef


rocioriverolopez@gmail.com

 

 


 

 

 





 

 

 

 


 

 






 

 

 

 

 

 

jueves, 4 de octubre de 2012

Memoria, verdades y mentiras


La memoria es la que nos permite  codificar, almacenar y evocar la información del
pasado.

Aunque a ciencia cierta nadie conoce la capacidad de memoria del cerebro, según
algunos estudios tenemos la capacidad de almacenar una cantidad de información
equivalente a la de diez billones de páginas de enciclopedia.
 

1. ¿Por qué nos da tanto miedo que nos falle la memoria?

2. ¿Es cierto que con la edad se recuerda menos?

3. ¿El estrés puede afectar a la memoria?

4. ¿Con qué alimentos ganamos memoria?

5. ¿Nuestra memoria puede ser infinita?

Te respondo a todas estas preguntas a partir del minuto 33:26. Haz “clic” en el enlace de abajo para escucharlo.