domingo, 30 de septiembre de 2012

Miedo a volar


Cada vez es más habitual viajar en avión, pero todavía hay muchas personas que tienen

miedo a volar a pesar de tener que hacerlo por obligación, sin poder evitar este medio

de transporte para desplazarse de un lugar a otro, por ejemplo, por motivos laborales.
Los síntomas del miedo a volar pueden empezar a sentirse semanas antes del viaje y

los más comunes son: manos sudorosas, taquicardia, respiración entrecortada, malestar

general y falta de apetito.
 
Entre las causas que pueden provocar este miedo pueden encontrase otros miedos como:

  • El miedo a los espacios cerrados.
  • El miedo a las alturas.
  •  La sensación de no tener el control.
  •  Miedo a tener ataques de pánico en lugares donde la huida sería difícil o embarazosa.
  •  Miedo a las  turbulencias.
  •  Volar por encima del agua o volar durante la noche.
  •  Miedo a sufrir un  accidente.

El miedo a volar, como cualquier otro miedo, se puede combatir y eliminar. Para aliviar el

 malestar que nos puede provocar subir a un avión podemos seguir los siguientes

consejos:

  • Dejar todos los miedos y preocupaciones fuera del avión.
  • No tomar estimulantes antes de subir (café, te, bebidas de cola, etc.).
  • Solicitar una reserva de asiento de pasillo con antelación.
  • Vestirse con ropa cómoda y confortable.
  • Llevar revistas y/o libros entretenidos.
  • Escuchar música y/o ver la película.
  •  Hablar  con otros pasajeros.
  • Conocer el funcionamiento de un avión y del entorno aeronáutico.



Jorge López Leonardo, estudiante de 5º curso de Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Madrid, nos explica este último punto.

Es importante conocer cómo se diseña y fabrica un avión y cuáles son sus tolerancias

ante circunstancias adversas y emergencias (turbulencias, tormentas, fallo de motor,

fuego…). También se debe destacar cuál es el mantenimiento al que son sometidos los

aviones y, por último, cuál es la preparación técnica de ingenieros, mecánicos, pilotos y

controladores aéreos.
 
La mayor parte de los factores relacionados con el miedo a volar tienen que ver con la

presencia del pasajero en un ambiente inhabitual y que no puede controlar por sí mismo.

Vamos a explicar los riesgos que un pasajero puede percibir y qué hay detrás de la

 ingeniería para dar respuesta a estos riesgos.

 
La etapa inicial del vuelo, el despegue, es también la más crítica. En ella, los motores

desarrollan su potencia máxima y el avión dispone de una distancia limitada para

despegar, ya sea con nieve, a 40°C, con viento cruzado, o a 3000 metros de altitud.

Todos estos factores están controlados para que el avión se vaya al aire siempre, no

sólo en el caso de que todos sus motores estén en pleno funcionamiento, si no también

con un fallo de motor. La potencia de los motores y el peso máximo al despegue no se

establecen para que el avión despegue si todo funciona bien, sino para que en el caso de

 fallo crítico de un motor con una velocidad en pista considerable, el avión siga

acelerando, ascienda y pueda volver a aterrizar.
 
Con respecto a las turbulencias en vuelo, temidas por muchos pasajeros, y que pueden

 presentarse durante una parte prolongada del mismo, se debe hacer hincapié en que la

 estructura de un avión y sus materiales están fabricados para ser sometidos a

 esfuerzos mucho mayores que los provocados por fuertes turbulencias. No sólo se

 diseña y se miden esfuerzos sobre el papel, sino que cada parte del avión es sometida a

 numerosas pruebas de resistencia para certificar que esto se cumplirá en un vuelo real.

 Que el ala del avión se flexe durante el vuelo y más aún durante un periodo de

 turbulencias, no significa que exista un riesgo de rotura, sino todo lo contrario; esta

 flexibilidad es la que permite al avión absorber los esfuerzos provocados por las

 fuerzas externas a las que está constantemente sometido.
 
Algo similar se debe comentar sobre las tormentas en vuelo. Todos los aviones disponen

 de radares meteorológicos que presentan información al piloto sobre precipitaciones y

 tormentas en tiempo real. Además, el control del tráfico aéreo proporciona

 información meteorológica al piloto y establece unos procedimientos de aproximación y

 aterrizaje seguros en caso de meteorología adversa. Si se presentara una tormenta en

 pleno vuelo, se rediseña la ruta establecida para evitarla. Además, en caso de que un

 rayo impactara contra un avión, algo que no es frecuente pero ocurre

 excepcionalmente, es capaz de absorberlo.
 
 



¿Cómo es posible que un avión pueda mantenerse en el aire durante tanto tiempo? ¿Qué

 ocurre si un motor se para en medio del océano? Hace varias décadas, los aviones

 transoceánicos poseían en su mayoría cuatro motores (B707, B747) o tres (DC10,

 MD11, Lockheed L-1011). Hoy en día es cada vez más habitual la comercialización de

 aviones transoceánicos con dos motores por ser más eficientes en términos de

 consumo de combustible y contaminación (A330, B777, B787), a pesar de que se siguen

 fabricando aviones cuatrimotores para tamaños grandes de aeronaves (B747-800,

 A380). Se puede pensar que en caso de fallo de motor en medio del océano, un avión

 bimotor puede presentar más riesgos que un cuatrimotor, pero esta afirmación no es

 cierta. Paralelamente al desarrollo de los aviones bimotores, se han ido desarrollando

 sus certificaciones para que puedan sobrevolar zonas en las que no exista en sus

 proximidades un aeropuerto alternativo para aterrizar en caso de emergencia.
 
Tal vez la mayor emergencia que se puede presentar en vuelo sea la presencia de fuego.

 Hay incidentes reportados en los que tras el despegue, un motor no sólo se para, sino

 que también se incendia. El avión y el piloto son capaces de superar esta situación de

 riesgo: se corta automáticamente el suministro de fuel al motor afectado, se apaga el

 fuego con los extintores que tiene incorporados y se realiza un aterrizaje de

 emergencia en el primer aeropuerto disponible, con un procedimiento análogo al del

 caso de fallo de motor.
 
Todos los sistemas esenciales del avión, desde los que se utilizan para su

 posicionamiento (GPS, sistemas inerciales), pasando por las comunicaciones, y hasta los

 que son necesarios para el movimiento de las superficies aerodinámicas, combustible

 entre depósitos, etc. están duplicados y en ocasiones hasta cuadruplicados para que un

hipotético fallo no implique ningún riesgo a la seguridad del vuelo.
 
Un aterrizaje en un terreno escarpado con niebla densa no tiene por qué asociarse a

 un riesgo mayor que el que se realiza en una llanura en condiciones óptimas de

 visibilidad. El sistema de aterrizaje por instrumentos ILS instalado en la pista con el

 correspondientes equipamiento a bordo y la habilitación del piloto, permite posicionar

 el avión y guiarlo hasta el punto exacto de aterrizaje en la pista incluso en condiciones

de visibilidad nula a través de una ruta de descenso preestablecida.
 
 
Los pilotos son los máximos responsables de la seguridad a bordo y además de realizar

 cientos de horas de vuelo cada año, son sometidos a continuos cursos de refresco y

 horas de simulador en donde se ensayan las maniobras de emergencia anteriormente

descritas.
 
El mantenimiento de un avión es esencial para que cumpla con la normativa de

 seguridad y aeronavegabilidad a lo largo de su vida útil. Las distintas acciones de

 mantenimiento de una aeronave son frecuentes y exhaustivas. Cabe mencionar entre

 ellas la denominada “gran parada”, la revisión más completa a la que se somete un avión.

 En ella, la aeronave se desmonta completamente, se decapa incluso la pintura exterior,

 se revisan todos los elementos de su estructura y se reparan o sustituyen aquellos que

 fuesen necesarios.
 

 
En un espacio aéreo tan sobrecargado como el europeo pueden estar volando de forma

 simultánea miles de aviones. El control del tráfico aéreo se establece para que cada

 controlador pueda atender a los aviones bajo su responsabilidad con total seguridad y

 así mitigar cualquier riesgo de colisión. Aún así, si existiera un riesgo de colisión

 inminente entre dos aeronaves, los aviones están equipados con un sistema

 anticolisión denominado TCAS, en el que las dos aeronaves en riesgo interactuarían

 entre sí y proporcionarían órdenes de maniobra contrapuestas para evitar una colisión

 en pleno vuelo.
 
 
Estos han sido sólo unos pocos ejemplos relativos a la seguridad a bordo de los que un

 pasajero no se percata cuando sube a un avión, pero que están siempre presentes. Que

 el avión sea, además del medio de transporte tecnológicamente más avanzado, también

 el más seguro no es una casualidad de las estadísticas. Es producto de un diseño,

gestión, recursos, desarrollo tecnológico e ingenieril que no tiene su correspondencia en

 ningún otro medio de transporte. Recuerden todas estas ideas la próxima vez que se

 suban a un avión; estarán en muy buenas manos.


rocioriverolopez@gmail.com
 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Las crisis económicas tienen consecuencias emocionales?


La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta del aumento de enfermedades
mentales desencadenadas por la crisis económica que estamos sufriendo. Son muchas
las historias personales que demuestran que la crisis no se conforma con entrar en los
hogares sino que también invade nuestra mente.
 
 

1. ¿Es cierto que una crisis económica puede llevarnos a sufrir dificultades emocionales?

2. ¿Las consecuencias emocionales producidas por una misma crisis son iguales para todo el mundo?

3. ¿Cómo nos afecta la crisis en el entorno familiar?

4. ¿Existirán algunas pautas a seguir para vivir de un modo sano la situación?

5. ¿Cómo sabemos si la crisis nos está afectando más de lo que debiera?

Te respondo a todas estas preguntas a partir del minuto 35:40. Haz “clic” en el enlace de abajo para escucharlo.
 
 


jueves, 20 de septiembre de 2012

La actitud marca la diferencia


Una señora falleció, y en su viaje hacia la otra vida se encontró a sí misma de pie en una
sala de banquete extremadamente cuidada. Las paredes estaban recubiertas con las
maderas más caras, de los altos techos colgaban arañas de luces de cristal y los lienzos
de todos los grandes maestros de la pintura adornaban la estancia.

En el centro del salón estaba desplegada una inmensa mesa de banquete, con todos los
manjares posibles y los vinos más apreciados del mundo. “Debe ser el cielo”-pensó- un
poco sorprendida. No creía que hubiera llevado una vida tan meritoria o santa como para
merecer tal recompensa.


Sin amilanarse, corrió ansiosa a ocupar su sitio en la mesa, se dejó caer sobre la silla y
entonces se dio cuenta de algo espantoso. Tenía los dos brazos entablillados, no podía
doblar los codos y sentía sus manos como si estuvieran al final de un poste.
 
No le costaba coger los delicados manjares repartidos por la mesa, pero era incapaz de

llevárselos a la boca. Cuando se detuvo unos instantes a observar todo lo que allí había,

y que de forma avariciosa había deseado para ella sola, vio a otras personas sentadas

alrededor de la mesa. También tenían los brazos entablillados, todas proferían

maldiciones, se sentían frustradas y lloraban; pero su destino parecía irremediable.


“Estaba equivocada”, pensó la señora. “Esto no es el cielo, sino el infierno. Me pregunto
cómo será el cielo.”

Sus deseos la transportaron a otra sala de banquete idéntica. Del techo pendían las
mismas valiosas arañas de cristal, en las exóticas paredes de madera también había
cuadros pintados por grandes maestros, en el centro de la estancia había una mesa de
madera tallada, en la cual también estaban dispuestos los más ricos manjares y los vinos
más afamados. De nuevo, volvió a correr para ocupar un asiento, esperando poder
participar en el banquete, pero una vez más percibió esa sensación inesperada: sus
brazos seguían estando rígidos y entablillados.

Al borde de la desesperación, miró a su alrededor. Había algo muy diferente en el grupo
de comensales, pues todos estaban felices y parecían estar saciados. Observó sus
brazos y se percató de que también estaban entablillados, al igual que los suyos. Sin
embargo estas personas, pese a sus dificultades, se sentían joviales y comunicativas.

 Por fin se dio cuenta de dónde radicaba la diferencia. Estos comensales no luchaban
por deshacerse del inamovible vendaje, ni trataban codiciosamente de llevarse la
comida a la boca. Por el contrario, cada persona cogía algún manjar y se lo ofrecía
cortésmente a quien tenía sentado en frente. En lugar de ver sus restricciones como
una incapacidad, las utilizaban para beneficiar a sus compañeros de mesa. Cuando
conseguían coger algo de comida se la daban a la persona que había en el otro extremo.
La señora se dio cuenta de que dando a los demás, ella también ganaba. Los demás la
alimentaban de la misma forma que ella los alimentaba.

 “Esto no sólo atañe a la comida”-pensó- ya que los comensales también compartían una
conversación. Todos intercambiaban historias, irradiaban optimismo y disfrutaban
juntos de una feliz experiencia. “Sí” -pensó- “esto verdaderamente es el cielo”.

rocioriverolopez@gmail.com

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La visión de los colores y el aprendizaje escolar. Daltonismo


 
¿Qué números ves en las siguientes láminas?

 


Más del 80 % de la información que obtenemos de nuestro entorno proviene de la vista. Sin embargo, hasta hace unos años, no se prestaba la suficiente atención a los factores visuales que influyen en el rendimiento escolar y un ejemplo de ello es que el 10 % de los ejercicios de los libros de matemáticas no pueden ser realizados por un daltónico.

El Daltonismo es una anomalía ocular que impide distinguir los colores. Aunque ningún daltónico confunde los mismos colores que otro, es muy frecuente que confundan el verde y el rojo.
 
 

Algunos autores han demostrado que las habilidades visuales de binocularidad y acomodación mantienen una estrecha relación con la eficacia visual, con la resistencia a la fatiga y la satisfacción ante la realización de determinadas tareas que requieren procesar estímulos visuales, como por ejemplo la lectura.

En los primeros años de colegio, la capacidad visoperceptiva es especialmente importante para el reconocimiento de letras y el acceso directo a la representación ortográfica de las palabras. Existen razones suficientes que justifican la posibilidad de que las anomalías en la visión de los colores tengan implicaciones en el aprendizaje escolar. Entre ellas se encuentran:

·         Para el aprendizaje de conceptos verbales y matemáticos el color se utiliza espontáneamente como apoyo visual de conceptos básicos nuevos o como código referencial para otros conceptos cotidianos, objetos, dibujos o vocabulario que aún no están en el repertorio lingüístico del alumno. Además, los conceptos relacionados con la numeración y los procedimientos de cuantificación se trabajan, habitualmente, con ábacos en los que el color de las bolas también se utiliza como ayuda.

·         En el desarrollo de  la representación en el espacio se parte, normalmente, de la enseñanza de conceptos geométricos como las formas planas, los cuerpos y sus relaciones en el espacio, siendo la mayoría de los materiales con los que se trabajan de diferentes colores  para ayudar a diferenciar las figuras.

·         Para entrenar a los alumnos en los procedimientos de agrupación en colecciones atendiendo a semejanzas y diferencias, se utiliza también el color, como criterio perceptivo de clasificación de diversos objetos y dibujos.

Estas tareas constituyen un entrenamiento previo de capacidades cognitivas importantes para los posteriores aprendizajes escolares, como la capacidad  de comparación mediante criterios, clasificación o jerarquización conceptual.
Y tú ¿cómo lo ves?
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿Qué nos "engancha" al deporte?


¿Comenzaste a practicar ejercicio para perder los kilos que ganaste durante el
embarazo, durante las vacaciones, para rebajar tus niveles de colesterol y/o glucosa,
fue tal vez para poder correr la carrera popular de tu barrio…? Independientemente de
 los motivos que te llevaron a la práctica deportiva, ¿ahora no puedes pasar sin
 el ejercicio? ¿quieres saber por qué?

Cuando practicamos ejercicio físico el
cuerpo genera unas hormonas llamadas
endorfinas también conocidas como las
hormonas de la felicidad o de la alegría.
Son neurotransmisores químicos que se
forman en la hipófisis (glándula ubicada en
la base del cerebro) y que presentan una
estructura muy parecida a los opioides,
pero sin sus efectos negativos. Estas
hormonas, igual que los opioides, cruzan el
espacio sináptico y se unen a los
receptores opiáceos. Estos receptores se encuentran en el tálamo y en el núcleo calloso
del cerebro y al ser estimulados por los opioides, ya sean exógenos (drogas opiáceas) o
endógenos (endorfinas), interfieren en las señales de dolor corporal y en las emociones,
provocando una sensación de bienestar.

Las endorfinas tienen principalmente dos funciones, la primera de ellas es facilitar la
comunicación entre neuronas y la segunda actuar como analgésico ante el dolor.

 Activan los centros de placer del cerebro y, a su vez, actúan como analgésicos
endógenos inhibiendo la transmisión de dolor al mismo. Por tanto, las endorfinas son, en
 gran parte, responsables de la sensación de bienestar que percibimos tras realizar
deporte.

¿Son entonces las endorfinas las culpables de la adicción al ejercicio físico?

 Diferentes estudios científicos realizados en diversas universidades de Estados
Unidos, ponen de manifiesto que no existe correlación entre la cantidad de endorfinas
 en la sangre y la dependencia a la actividad física constante.
 
 Los beneficios que nos proporciona la práctica deportiva son muchos, entre ellos
se encuentran:

·         La disminución del riesgo cardiovascular.

·          Reduce la presión arterial.

·         Retrasa el inicio de la diabetes en personas con predisposición genética.

·         Ayuda a controlar los niveles de colesterol y de glucemia del organismo.

·          Favorece el mantenimiento del tono muscular, la movilidad y evita la obesidad y el sedentarismo.

A nivel mental:

·         Nos distrae de los problemas cotidianos.

·         Nos ayuda a socializarnos y a compartir experiencias con personas que tienen gustos similares a los nuestros.

·         Nos invita a centrarnos en el aquí y ahora deteniendo el pensamiento en lo que estamos realizando en ese momento.

·         Disminuye la ansiedad y el estrés.

·         Nos enseña a seguir reglas.

·         Etc.

   Podemos concluir que el ejercicio físico es una buena herramienta para enfrentarse a 
 la vida con optimismo y energía, ¿será este el motivo por el que nos “enganchamos” a
el?