jueves, 30 de agosto de 2012

Estudiar de un modo activo


A las puertas de los exámenes de septiembre, muchos estudiantes se preguntan si conseguirán recordar todo lo que han estudiado hasta ahora. Para conseguir recordar algo es importante cuidar la forma en que almacenamos la información. En el caso de los estudiantes es esencial que realicen un estudio activo. Estudiar de manera activa consiste en:

·         Leer ordenadamente, desde el principio, en vez de comenzar por lo que se piensa que el profesor va a preguntar en el examen.

·          Leer para entender y para conseguir esto debemos preguntarnos cuáles son las ideas y los hechos más importantes que el texto nos está contando.

·         Subrayar las ideas principales, las palabras que recojan la idea general del texto, no hay que subrayarlo todo. Esta técnica nos ayudará a recordar con facilidad lo que se leyó.

·         Para hacer los resúmenes debemos pensar y no copiar frases sin entenderlas. Hay que tratar de relacionar, concretar y formular las ideas fundamentales que se han leído. Hacer esto a menudo, nos ayuda a ejercitarnos en el análisis y la síntesis.

·         Hacerse preguntas relacionadas con el tema que se está estudiando. El hábito de hacerse preguntas y responderlas produce una mayor confianza en uno mismo para resolver los exámenes.

·         Examinarnos nosotros mismos. Algunos libros de textos traen al final de cada capítulo preguntas y problemas que podemos resolver, esta es una manera sencilla de examinarse.
 

lunes, 27 de agosto de 2012

Una buena lección


Carlos, un profesor de segundo de bachillerato, con un billete de 500 euros en la mano pregunta a sus alumnos: “¿a quién le gustaría tener este billete?”
 
 

“A mí, a mí…”, responden todos a al mismo tiempo levantando el brazo.

Entonces Carlos tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola de papel y mostrando la estrujada pelotita a  sus alumnos, volvió a preguntarles: “y ahora, ¿lo seguís queriendo?” Uno de sus alumnos, le respondió: “no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 500 euros, claro que lo queremos”.

Carlos desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo sucio y marcado, volvió a preguntar: “¿Lo seguís queriendo?” El mismo alumno de antes le dijo: “sigo sin entender a donde quieres ir a parar, pero es un billete de 500 euros y mientras no lo rompas, conserva su valor”.

Carlos le respondió: “debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o te pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido. Lo que tienes que preguntarte es cuánto vales en realidad independientemente de la situación que estés viviendo".

Los alumnos  se quedaron mirando a Carlos mientras recibían el impacto del mensaje.

¿Cuántas veces dudamos de lo que valemos, de que realmente merecemos más y de que podemos conseguirlo si nos lo proponemos?

      No basta con el mero propósito, también se requiere acción.

rocioriverolopez@gmail.com

lunes, 20 de agosto de 2012

Los niñ@s ante las separaciones y/o divorcios


 Hay tres  preguntas que se repiten cada vez que impartimos el tema de “separaciones y/o  divorcios”.

La primera cuestión que nos plantean es si los niñ@s se dan cuenta de lo que está ocurriendo entre sus padres. 

Con frecuencia se tiende a pensar que un niñ@, por ser pequeño, no es capaz de darse cuenta de lo que está pasando y lo cierto es que ellos, al no tener las herramientas que tenemos los adultos, manifiestan su malestar, hablan a través de actos, de acciones y de síntomas.

¿Y cuáles son estos síntomas?, es la segunda pregunta que nos hacen.

 Cada niño y cada niña expresará su malestar de una forma.  Al ser demasiadas las variables que determinan el modo en que cada uno responde ante la situación, no es fácil definir unas condiciones generales.

Podemos exponer las reacciones más habituales, dejando claro que su aparición, gravedad o frecuencia dependerá de la edad, del temperamento y de otros muchos factores.

Entre 2 y 6 años

-           Son habituales las conductas regresivas (vuelven a chuparse el dedo, a querer dormir con los padres, vuelven a tener miedos que ya no tenían, etc.).

-          También se dan rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de separación cuando se les deja en el colegio o en otro sitio.

-          Pueden pasar de la agresividad a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos, besos, promesas de que se portarán bien, etc.)

-          Alteran el patrón de comida y de sueño.

-          Tienen quejas somáticas como dolor de cabeza o de barriga, sin justificación.

-          Se niegan a ir a casa de uno de los padres.

-          Sienten apatía (no tienen ganas de nada), se vuelven más introvertidos, tienen dificultad para relacionarse o jugar.

Entre 7 y 12 años

-          En estas edades ya tienen más recursos verbales y eso les permite exteriorizar sus sentimientos.

-          Pueden presentar conductas de recriminación a los padres con la esperanza de que vuelvan a unirse. Los manipulan y les presionan para que se junten de nuevo y al ver que no lo consiguen se frustran, se vuelven más agresivos, disminuye su autoestima, etc. Les cuesta aceptar la realidad.

-          En estos años, se dan cuenta de que tienen un problema y que les duele, pero no saben cómo reaccionar ante ese dolor.

-          También puede ocurrir que los  niños que antes eran buenos estudiantes comiencen a tener dificultades.

Adolescencia.

-          La adolescencia es una etapa complicada donde se suele magnificar los problemas que se tienen.

-           Suelen tener más miedos que el resto de chicos y chicas de su misma edad, se sienten solos y culpables.

-          Dudan de sus habilidades para casarse y para mantener una relación.

Para terminar, nos piden algunas pautas que hagan más fácil y saludable la situación de separación y/o divorcio:

·         Tener claro que lo que se disuelve es la pareja y no los lazos de familia.

·         Buscar la forma más saludable de llevar a cabo el proceso de separación.

·          Promover el diálogo, enfocar la atención de los niños/as en lo que les une más que en lo que les separa.

·         Que los niños/as perciban complicidad y compromiso incondicional aunque sus padres ya no vivan juntos.

·         No hablarles mal del otro miembro de la pareja y evitar cualquier discusión delante de ellos.

·          No colmarles de juguetes y regalos para ganarse su afecto. El afecto de un hijo/a se gana dedicándole tiempo, comprensión y afecto incondicional.

·         No utilizar al niño/a como mensajero o espía de lo que sucede en casa del otro progenitor.

rocioriverolopez@gmail.com

lunes, 13 de agosto de 2012

Pequeños perfeccionistas

 El perfeccionismo se define como una serie de pensamientos, de creencias muy exigentes que tiene una persona acerca de lo que se debe llegar a ser o conseguir.

A los perfeccionistas les gustaría tener la seguridad de que al final alcanzarán la perfección.

  • ¿Cómo son los niños y las niñas perfeccionistas?

  • ¿El perfeccionismo nos ayuda a tener éxito?

  • ¿El perfeccionismo es hereditario?

  • ¿Cuándo se convierte el perfeccionismo en un problema?

Te respondo a todas estas preguntas a partir del minuto 17:55 del programa. Haz "clic" en el enlace de abajo para escucharlo.

"Vamos a aprender a conocernos con Rocío Rivero" Programa Radio Gudalquivir

rocioriverolopez@hotmail.com

lunes, 6 de agosto de 2012

Fábula del aguilucho

Érase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos.

Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:

-¿Por qué esta águila, la reina de todas las aves y pájaros, permanece encerrada en el corral con los pollos?




El granjero contestó:

-Me lo encontré malherido en el bosque, y como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.

El naturalista dijo:

-El tuyo me parece un bello gesto, haberle recogido y haberle curado. Además le has dado la oportunidad de sobrevivir y le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila y con toda seguridad, se le puede enseñar a volar ¿Qué te parece si le ponemos en situación de hacerlo?

- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.

- Es verdad, tú no se lo has impedido, pero como tú muy bien decías antes, como le enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas?

- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila, qué le vamos a hacer. Hay cosas que no se pueden cambiar.

- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar?

- Tengo mis dudas. ¿Qué es lo que cambia si, en lugar de pensar en las dificultades, pensamos en las posibilidades?

- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero, ¿no crees que, si pensamos en las posibilidades de volar, esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?

- Es posible.

- ¿Qué te parece si probamos?

- Probemos.

Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo:


- Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo.

Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso y al ver desde la loma a los pollos comiendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo.

Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo:

- Eres un águila. Abre las alas y vuela. Puedes hacerlo.

El aguilucho tuvo miedo de nuevo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral.



Muy temprano al día siguiente el naturalista llevó al aguilucho a una elevada montaña. Una vez allí le animó diciendo:

- Eres un águila, abre las alas y vuela.

El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Este, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente:

- No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás como vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además estos días pasados, cuando saltabas pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas.


El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral y arriba hacia el cielo. Entonces, el naturalista lo levantó hacia el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo. Había recuperado por fin sus posibilidades.



El granjero se fijaba más en las limitaciones del aguilucho que en sus posibilidades.

Sin embargo, el naturalista creyó en la capacidad del animal para comportarse como un

águila, lo que hizo posible que el aguilucho comenzará a volar.

El naturalista perseveró e hizo que el aguilucho creyera en sus posibilidades.

Que alguien crea en nuestras posibilidades nos ayuda a creer en nosotros mismos, eso
es una estupenda motivación para desarrollarnos y superarnos, pero que alguien no crea
en nuestras posibilidades no debe ser una un obstáculo para nosotros.
Inicia tu vuelo aunque los demás piensen que no vas a poder volar.